viernes, 11 de octubre de 2013

[Carrusel Bloguero] Esos objetos que siempre estarán ahí

Vamos colaborando en el mes de Octubre con el Carrusel Bloguero de Juegos de Rol. Comentarios de rigor... Pues obviamente mencionar al blog anfitrión de este mes, que no es otro que Aviso a Roleantes, y hacer accesible una vez más las reglas de participación en el carrusel, que son bastante sencillas y pueden encontrarse en este enlace.

El tema del mes lleva por título formal "Equipo, tesoros y bártulos varios", y es que... ¿Qué sería de las partidas de rol sin la sempiterna adquisición de esos variopintos cachivaches que te salvan la vida cuando menos te lo esperas? ¿Sin el clásico artefacto ignoto, arma encantada o gadget tecnológico avanzado que te saca de más de un entuerto? Es más, llevándolo una vez más hacia toda la parafernalia de mis entradas anteriores (con tono más paródico que otra cosa, espero que por última vez ya...) ¿Qué sería de D&D sin los tesoros ni los objetos mágicos?

Por eso es que voy a aprovechar para rendir homenaje a tres objetillos que, de una manera u otra, han ocupado más espacio en mi memoria por más que el mero hecho de dárselos a los PJs, o recibirlos, como tesoro. ¡Allá vamos!

"Le lanzo un detectar magia a ese tiovivo"

1. La Bolsa de Contención

La bolsa de contención, bolsa infinita, bag of holding o como quieran llamarle se ha convertido en un omnipresente de nuestras partidas de D&D. Cuando el nivel de oro y otros tesoros acumulados empieza a notarse en las espaldas de los aventureros (Qué manía más rara esa de llevarse todo a todas partes, ¿No?) no falta el componente del grupo que, fuera de partida, murmura el ya clásico "necesitamos una bolsa de contención".

Obviamente, la bolsita no es un objeto icónico solamente en mi grupo de rol. Su fama es tal que ha trascendido las reglas y ha irrumpido en nuestra realidad como accesorio sumamente friki. Para muestra un botón:

Sí. Lo pone por fuera

Este objeto, en su versión de D&D, reacciona de forma catastrófica si se mezcla con otras iguales o con otro objeto famoso, el agujero portátil, por ejemplo poniendo uno dentro de otro. Los más imaginativos incluso han intentado aprovechar esto para propio beneficio en las partidas...

Ingenieros. No deberían jugar a D&D. Clic para ampliar.

Es por todas estas cosas que en mi breve recopilatorio no podía faltar este objeto, ya sea en versión convencional o como partes del conjunto que forma el Morral Práctico de Heward, que tantas veces ha ahorrado a los personajes el retirarse con antelación de sus vidas de aventureros debido a la lumbalgia.

2. Los "Objetos de Arte"

O así los llamaban en la Guía del Dungeon Master. Los grandes olvidados. Esos elementos que no son ni objetos mágicos ni crudas piezas de oro o gemas rara vez llaman la atención de mis jugadores, sobre todo las veces que los he generado aleatoriamente y los he puesto tal cual, ya que de esta forma pocas veces llegan a encajar del todo en el escenario en el que aparecen.

Sin embargo, ha habido veces en las que precisamente esa generación aleatoria ha precipitado grandes momentos que aún hoy, muchos años después, seguimos recordando. En una partida de Warcraft en la que estaba de jugador, en un tesoro generado aleatoriamente de la guarida de unos enemigos que ya no recuerdo salió un "peine de oro con forma de dragón dorado". El paladín del grupo, un tipo bastante presumido, se lo agenció para sí en contra del resto de nosotros, que habíamos acordado venderlo para tener algo más de dinero contante y sonante. Total, que ese peine aumentó aún más las pretensiones y los aires de cretino de nuestro paladín, que paraba a cada momento a acicalarse su cabellera plateada (sí, leen bien) con su flamante peine de oro macizo... Los personajes no se lo tomaron muy bien, pero los jugadores nos partíamos de risa.

En otra ocasión en la que yo era el DM y la partida era de esas que se desfasan hasta límites insospechados a altas horas de la noche los personajes encontraron, entre otras cosas, una "estatua de oro de un gigante de las colinas". Pero, vamos a ver, ¿A quién se le ocurre hacer una estatua de oro de una criatura tan horrenda...? Ninguno de los jugadores hizo la pregunta, quizá porque el gesto de nuestras caras al leer aquello en alto ya la formulaba por todos nosotros. La cuestión es que acabaron quedándose la estatua y le dieron un uso muy especial: El mismo jugador que llevó el paladín en aquella otra partida, que ahora llevaba un azotamentes (otra vez leen bien), dominó mentalmente al asistente de una tienda de objetos mágicos y le aseguró que la estatua la había arrancado él mismo de la frente de "un dragón divino, un dragón divino semi-prismático", por lo que su valor era incalculable. Después de la media hora de risas por lo absurdo del trueque, los personajes salieron con un buen puñado de objetos mágicos y siguieron con sus malévolas aventuras. El mago dueño de la tienda, al conocer el timo, encontró a los personajes y les dio un pequeño escarmiento... Pero los ataques de risa ya habían causado su efecto y la anécdota había quedado definitivamente grabada en nuestra memoria.

3. El oro

Quizá el menos impresionante de los tres, pero sin duda el más recurrido, las ingentes reservas de oro en crudo que acaban teniendo los personajes según van encadenando aventuras les permiten hacerse con cualquier cosa que deseen, llegando incluso, con mi posterior arrepentimiento, a permitirles resucitar a los aliados caídos en etapas tempranas de la campaña, cuando ellos no son capaces de alcanzar ese poder por sí mismos.

Medida del poder relativo de los personajes junto a los Puntos de Experiencia, activo acumulado hasta cotas imposibles... el oro, junto a la sobredosis de objetos mágicos, siempre ocupará un lugar conflictivo en mi percepción de D&D como Master, y forma parte de la experiencia que voy acumulando el ir gestionando su más que necesaria aunque sobrevalorada existencia. Poco a poco vamos mejorando, aplicando el sentido común, la coherencia con la realidad de nuestra historia de ficción y la mesura en lo que a ellos respecta, tanto para mí como DM como para los jugadores que participen en mis partidas... ¡Hey, sólo es dinero! Pues sí, completamente de acuerdo, pero como si fuera fácil para todos librarse de las costumbres... En ello estamos, como siempre.


Bueno pues. Por aquí me bajo del Carrusel por este mes, aunque seguiré viendo cómo pasan los demás. Espero que les haya gustado.

¡Nos vemos en la próxima!